Para ganar la guerra

Se ha planteado hasta el hartazgo que el combate al COVID-19 es una “verdadera guerra”. Para poder ganarla, se necesita producir o comprar los recursos necesarios para poder triunfar.

Queda más que claro que “solo esconderse” no puede ser una estrategia permanente. Fue muy útil, y así fue entendido por la inmensa mayoría de la población, un primer capítulo de inactividad casi total para preparar a quienes tenían que estar en “la primera línea de fuego”: médicos y enfermeras/os, la obtención del equipamiento sanitario (barbijos, termómetros, respiradores, camas de terapia, etc), así como la planificación y organización de testeos, más identificación y aislamiento de los infectados.

Estamos agotando los 120 días en esta fase

Cuando todo comenzó, el 20 de marzo, Argentina ya estaba en un estado de postración económica extrema (más del 5% de caída del PBI entre el 2018 y el 2019, otro 5,4% en el 1er trimestre del 2020, default de la deuda pública, inflación de 3% mensual, con un acumulado en el último año de más del 50%, y 40% de pobreza); es decir, comenzamos la guerra en condiciones que se aproximaban más a una rendición incondicional que a un verdadero “inicio de hostilidades”.

Para peor, la campaña “cuarentena o muerte” generó un nuevo enemigo más letal que el propio virus: el miedo.

Con miedo (que no es lo mismo que el cuidado) no sirven los Generales ni los soldados. Tampoco los que, desde la retaguardia, tienen que producir los bienes indispensables para “sostener” el esfuerzo bélico: los alimentos, el vestuario,los equipamientos y el salario de la tropa.

Esta “Guerra” es especial…pero no tanto. Todas tienen víctimas fatales y daños colaterales. Es obligación de los jefes minimizar ambas e impulsar una “épica” que mantenga alta la moral e inspire acciones que, finalmente, conduzcan a la victoria.

Todos sabemos que trenes, ómnibus, y subtes son los lugares más temidos; entonces, tenemos que fabricar miles de bicicletas y motos que permitan descongestionar el transporte público; la industria metal-mecánica puede aprovisionar ventiladores y respiradores; la farmacéutica puede hacer los reactivos; la textil, vestuario y barbijos; la industria alimenticia, además del aprovisionamiento interno, puede maximizar las exportaciones.

En la historia de la humanidad, las guerras han significado lamentables costos humanos y materiales, pero también han producido avances tecnológicos que impulsaron la reconstrucción en épocas de paz.

Argentina viene de décadas de cultivar la “moral del acostado”: hemos perdido muchas “batallas” económicas, políticas y una muy dolorosa militar-Malvinas-; se nos frustró “con la democracia se vive, se educa, se come…” de Alfonsín,

La “revolución productiva” de Menem, la “Nac & Pop” de Kirchner y la “lluvia de inversiones” de Macri…. pareciera que estamos anímicamente más preparados para “levantar bandera blanca” que para » llevar nuestro nombre como bandera a la victoria” (en palabras de Eva Perón).

Este “derrotismo trágico” es mala fariña

El rol de la dirigencia política tiene que ser contenernos y conducirnos, que no nos alcance con derrotar al COVID-19, que vayamos por más…y derrotemos a la pobreza, la inflación y la decadencia.

Podremos hacerlo si construimos la unidad nacional y dejamos de lado la “Grieta” que nos está desangrando y neutraliza cualquier esfuerzo que pretendemos poner en marcha.

Tenemos que deponer toda actitud divisionista; no sirven las “comisiones investigadoras parlamentarias” de nuestro pasado inmediato (ni mediato), los enfrentamientos entre la ciudad y el campo, los ricos y los pobres, los asalariados y los empresarios, los espiadores y los espiados….Ya habrá tiempo para todo eso cuando la emergencia haya sido superada.

¿Es posible? seguro que si. Nuestra historia tiene también muchas “batallas ganadas” que tienen que iluminarnos.

Pronto tendremos que salir de nuestras casas y enfrentar el futuro con nuestro Himno Nacional a la cabeza: “Coronados de Gloria Vivamos…”

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Fuente: Infobae

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